¿Es verdad que la posibilidad de practicar el acto de leer requiere cierta calidad afectiva que muchos hogares, por desgracia, no pueden proporcionar?
Si es así ¿cuál será el papel de la escuela en esta tarea?
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Yo trabajo con alumnos de secundaria y la experiencia no es igual que con los de infantil o primaria por lo que leo en vuestros comentarios.
Nosotros nos encontramos habituamente con el problema de tener alumnos con muchas diferencias con respecto a los hábitos de lectura y sólo podemos intentar desarrollar algún tipo de hábito estable en los primeros cursos. Es muy difícil conseguir que un adolescente de cuarto de la ESO o bachillerato se enganche a la lectura si no lo ha hecho antes.
En cuanto a la calidad afectiva en la ESO es un tema mucho más complicado, la relación entre alumno y profesor raras veces excede (quizá por fallo nuestro) de un frío intercambio de opiniones aunque sí que se puede hacer mucho por intentar llevar a un grado diferente las lecturas programadas en clase.
Creo que funciona el leer obras en las que ellos se pueden identificar con los personajes o con los hechos que suceden, a menudo les mandamos leer obras que poco tienen que ver con ellos y no les suelen gustar. Aún así, lo más difícil es perder la sensación de que ya no se pueden recuperar alumnos no lectores, se puede hacer pero requiere un importante esfuerzo y algo de psicología más bien intuitiva para dar con los temas que les interesen.
En cualquier caso, y como han dicho antes, es básico que los alumnos vean a sus padres leer en casa, lso niños aprenden imitando a los mayores y determinados hábitos y su apreciación depende de sus experiencias.
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Es indudable que a una temprana edad el afecto es la vía primordial para enganchar a un pequeño a la lectura. Formas, dibujos, relieves, colores son los elementos que van a valorar. Sin el apoyo de la figura paterna y materna seguramente el acto de absorción de lo que los ojos del niño está recibiendo, motivando, preguntando, señalando con el índice cualquier aspecto, sería mucho menos apropiado.
Por eso, el trabajo en guarderías o centros de infantil es tan importante. Desde estos centos, muchas veces se motiva no sólo al niño, sino a los propios padres, haciéndoles partícipes del propio aprendizaje de su hijo con diversas actividades lúdicas y entretenidas que conciernen a toda la familia y que propician un aprendizaje más interrelacionado y conectivo.
Puede darse el caso de familias que a lo mejor por motivos laborales no pueden dedicar todo el tiempo que les gustaría a sus hijos, y ahí de nuevo la propia escuela tiene un papel fundamental mitigando ese vacío que por motivos involuntarios se produce. Aunque lo ideal sería conciliar vida laboral y de ocio, mientras que la sociedad no cambie, tendremos que resignarnos a que la escuela en muchas ocasiones asuma casi la totalidad del trabajo educativo con niños que no pueden ser atendidos por padres que están todo el día fuera.
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A veces bastaría con desarrollar un poco nuestra empatía para ofrecer a los niños los libros que realmente pueden motivarlos, teniendo en cuenta sus características, necesidades, gustos, edad, etc.
Por eso quería invitaros a que consultéis y disfrutéis de la Guía de Lectura sobre el Plan Lector: “Aprendiendo a leer el mundo con Pocoyó y Dodo”, en ella la profesora Rosa Mª Serdio nos recuerda que a veces, los mayores nos olvidamos de la ternura que los niños de Educación infantil aprecian tanto y elegimos un libro para regalarles en función de otras características que nos parecen importantes mientras que ellos, que adoran los personajes tiernos y sencillos, se quedan prendados de las líneas y los colores planos que estos personajes ofrecen, de su sencillez y candor.
Además de un adecuado ambiente familiar es necesario buscar en los libros características especiales como:
Serán materiales seguros, manejables, resistentes y fáciles de limpiar.
Tendrán forma de libro y también muchas ilustraciones. Es mejor que hablen de las acciones que realizan a diario los niños y de las cosas cercanas que podemos ver y descubrir con ellos.
Será un libro que deje huella, o sea, ganas de volver a verlo y leerlo. Será un libro compañero.
En fin será...
Un libro con pequeñas historias y que haga sonreír.
Un libro que cuente cosas que el niño prelector pueda contar a otros, incluso a sus juguetes.
Un libro al que volver para encontrar un amigo con quien dialogar.
Un libro que posea magia y que nos anime a soñar para disfrutar y ser felices.
En resumen: un libro compañero para un largo viaje como lector que empieza justo ahora.
Os recomiendo que consultéis dicha Guía, que no tiene desperdicio, en la siguiente dirección:
http://www.planetalector.com/plan-lector/36/primeros-aprendizajes/