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Boris
Segunda guerra mundial. La ciudad de Leningado ha sido sitiada por el ejército alemán. Boris, un niño ruso que vive junto a su madre enferma, intenta sobrevivir al hambre y al frío.
Nadia, su vecina, le propone salir de la ciudad para buscar comida. El peligro es inmenso. Afuera están los enemigos y, también, un camino lleno de peripecias donde las peores pesadillas son posibles.
Juntos emprenden la marcha, pero poco después de pasar el límite de la ciudad Nadia se desmaya sobre la nieve. Soldados alemanes se acercan a los niños. «¿Qué pasará?», se pregunta Boris. Más tarde, el lector hallará la respuesta: la humanidad desconoce nacionalidades y el odio es el más absurdo de los caminos.
«¡Junto a él, sobre la nieve, había una bota! Encima, un pantalón verde de soldado y el borde de un capote blanco. El corazón le latía con fuerza al levantar la mirada. Sobre el brazo había un fusil, y el dedo estaba en el gatillo. ¡Un soldado alemán!
El soldado bajó el fusil.
-¡Nadia!
Boris se había desabrochado el abrigo para sacar el yute. Intentó con todas sus fuerzas ponerlo debajo del cuerpo de Nadia, sin conseguirlo. ¿Qué debía hacer? Miró desesperado a su alrededor. La muchacha no podía quedarse en el suelo helado. Volvió a intentar poner el saco. ¡Inútil! Bajó el borde de su abrigo levantado por el viento.
¿Qué podía hacer? Se daba cuenta de que la vida y la muerte de Nadia estaban en sus manos. Tenía que llevarla de vuelta a la ciudad, pero no podía ni levantarla.
-¡Nadia, por favor!
Si por lo menos pudiera decir lo que tenía que hacer... No se movía. Quizá debería ir en busca de socorro. Podía taparla con su abrigo e ir a ver si en las cercanías había alguien.
Boris iba a levantarse, pero se quedó de una pieza. Contuvo la respiración.
Se agachó. Ahora seguramente los torturarían. Los encerrarían en un campo de prisioneros. En sus ojos asomaron lágrimas de pánico y de rabia, pero no quería llorar. El alemán tenía que saber que un muchacho ruso nunca está indefenso. Boris sacó la pistola del bolsillo, apuntó al soldado con la mano temblorosa y miró para ver si se había asustado.
El soldado no tenía miedo. Movió lentamente, casi con tristeza, la cabeza. No estaba asustado, ni furioso, ni irritado como Boris esperaba. Sólo parecía querer darle a entender que la pistola no tenía sentido. Tranquilizado, Boris bajó la mano.» (Pág. 50)
Temas
Palabras clave: sentimientos, ética y conducta, infancia, supervivencia, justicia, amistad, convivencia, familia.
7. Valores
¿Por qué leerlo?
Boris ha sido galardonada con importantes premios internacionales y está en la lista de honor del IBBY. La trama es un mensaje de paz y esperanza en tiempos de guerra; un llamado a la reflexión y al pensamiento. Pero también, nos da la posibilidad de asistir al crecimiento de su protagonista. Boris introduce otro concepto de niño. Gracias a él apreciamos la capacidad y el potencial de las personas de corta edad, a las que rara vez se tiene en cuenta cuando opinan.
Un libro para los que declaran la guerra, para los que luchan contra ella y para quienes confían en el poder de la infancia.
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