Tras naufragar el barco que la llevaba a Tierra Firme, Catalina de Solís vive dos años en una isla desierta. Allí la encuentran Esteban de Nevares, mercader y maestre de la Chacona, y su tripulación. Su desaliñada apariencia provoca que la protagonista sea confundida con un hombre. Ella decide mantener el engaño para poder ser y vivir con mayor libertad. Ahijada por quien se convierte en su protector, conocerá de primera mano el comercio y el contrabando en el Caribe y se enfrentará a poderosos enemigos.
«Y, entonces, mientras cabeceaba en uno de esos ligeros sopores nocturnos llenos de malos sueños, la mesa chocó suavemente contra algo y viró sobre sí misma. Me espabilé de golpe. Era de noche, sí, pero había suficiente luz de luna como para distinguir algunas cosas. Una sombra negra gigantesca se dibujaba contra el cielo y se oía un manso batir de olas contra la costa. ¡Tierra! Intenté deslizarme con cuidado dentro del agua, dispuesta a impulsar mi embarcación hasta aquella mole cuando reparé en que el fondo estaba a menos de un palmo de la superficie. Sorprendida, me puse en pie y avancé chapoteando hasta la orilla. Era una playa, una playa de arena muy fina y casi tan blanca como la nieve. Arrastré mi esforzada lancha fuera del mar y me derrumbé, más muerta que viva, con el agotamiento de tres días de incertidumbres, miedos y vigilias.» (pp. 10-11)